Dejar que una campaña publicitaria la maneje una máquina puede conducir al desastre. Con Google Ads ocurre. El pasado domingo el periódico Gara, próximo a la izquierda abertzale, recogió la información del asesinato de un guardia civil por miembros de ETA en territorio francés con su habitual tono. Hasta ahí nada fuera de lo normal. Lo chocante es que junto a la información había un Google Ads con la siguiente leyenda: “Plazas Guardia Civil. Anunciadas 11.000 nuevas plazas Guardia Civil y Policía. Informate!”.

Es el problema de la publicidad por contextualización, que el anuncio se coloca por palabras y el contexto no importa. Google Ads anuncia en su blog en castellano la implantación de un nuevo sistema de orientación por ubicaciones que “permite a los anunciantes seleccionar sitios específicos de nuestros editores donde anunciar”. Enhorabuena. Será muy útil. Es difícil comprender cómo se pueden anunciar plazas de la Guardia Civil en un periódico como Gara, una situación que llega al trágico esperpento cuando se dan terribles noticias como las del pasado sábado.

Mientras, en un artículo de la revista Wired, Google se congratula de que los spammers empiezan a tirar la toalla, incapaces de hacer frente a unos filtros anti-correo basura cada vez más sofisticados.

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